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El horóscopo nuestro de cada día

Por Jorge Flores

 

Desde siempre el hombre pretendió saber que había hacia adelante y debe ser por su intensidad en saber del futuro inmediato que se establecieron y para quedarse elementos y personajes que lucran con la ingenuidad y la urgencia en saber que viene.

 

Todas las mancias, manochantas que publican sus teléfonos en medios supuestamente serios y adivinadores de todo pelaje forman parte de nuestra vida cotidiana. Todos saben que pasará mañana y pasado y en lugar de simplificarnos la existencia las complican. Un clásico del que muy pocos pueden escapar el horóscopo y a él le dedicaré unas líneas que ya son universales.

Antes era más fácil. Si uno había nacido el 7 de setiembre pertenecía al signo de Virgo. Era equilibrado, diplomático, fiel, agradable, carismático y con sentido de la justicia.

Si uno era varón, podía ser un ejemplar algo más débil de carácter que la mujer del signo, si se leía la lista de famosos que pertenecían a su signo, se sentía poco menos que un Dios griego y el mundo seguía andando.

Después fue importante, diría importantísimo, saber el ascendente, que no era ningún antepasado ni una manera sofisticada de decir ascensor. No, era la hora de tu nacimiento que marcaba toda la influencia planetaria que hacía que, por ejemplo, si tenías ascendente en Acuario, tu signo se viera modificado por características acuarianas que te hacían algo irreflexivo, idealista al máximo y con poco sentido práctico.

Además, si te interesaba la cosa antropológica, tenías que empezar a rastrear la hora exacta de tu nacimiento, cosa que, en el caso de vivir tu madre, a veces era difícil de precisar porque la pobre en el momento del alumbramiento y con los dolores de parto en su máxima intensidad, tendría ganas de preguntar cualquier cosa menos la hora exacta.

Y en cuanto a tu padre, al saber la noticia y tirando el pucho número mil doscientos dieciocho, preguntaba "¿varón o nena?", y no ¿qué hora es? No obstante haciendo una encuesta entre tías, tíos y demás deudos alguien sabía la hora y ya te sacabas el peso de encima. Eras de Virgo con ascendente Sagitario.

Después empezaron con el elemento del signo, o sea si eras de fuego, tierra, agua o aire. Eso también era definitorio, así que eras de fuego con agua, nunca serías "un quemo"; si eras aire con fuego era mejor evitarte, si eras agua con tierra podías embarrar todo lo que tocaras, y si eras tierra con tierra, fuego con fuego, aire con aire y agua con agua eras de una monotonía abrumadora.

¡Pero cuidado! Dependía del decanato, no era lo mismo el primero que el segundo o el tercero, y no olvidemos que si habías nacido en primavera del cono sur no tenías que darle bola a un horóscopo escrito para alguien de tu mismo signo y ascendente, pero del hemisferio norte. Porque no era lo mismo nacer en primavera que en otoño, ni con luna llena que con cuarto menguante.

Y aparecieron los colores, piedras, órganos regidores de cada signo y de tu ascendente. Por favor, no olvidar el ópalo y los riñones o el rubí y los genitales o el ónix y el coxis…

Pero como éramos pocos, y encima mi abuela salió de noche con un mandarín, apareció el horóscopo chino, y entonces uno ya no era una balanza, una doncella o unos mellizos sino un gato, un perro, un mono, un chancho y hasta una serpiente.

Pasado el shock inicial de reconocerse en un animal, los entendidos te explicaban que el animal no tenía nada que ver con tu tipología, o sea que no porque fueras gato tu destino iba a ser mantener amantes. Pero se planteaba un problema ético muy grave: para saber qué animal te correspondía tenías que decir tu año de nacimiento. Y es el día de hoy que yo, personalmente, no le creo a ninguna mujer su signo del horóscopo chino.

Porque el signo se repite cada doce años, o sea que para mentir o conservar tu signo se repite cada doce años, con lo cual muchas quedan como hermanas de sus hijos y madres de sus nietos. Como el camelo es muy evidente, entonces se quitan tres o cuatro años, y de búfalo pasan a dragón sin que se les mueva un músculo de la cara. Claro, no seamos machistas y acusemos sólo a la mujer de quitarse años, porque yo tengo algunos amigos que me han sorprendido diciendo que son cabra cuando yo sé muy bien que son gatos como yo.

Pero no habían terminado las complicaciones, no, porque empezaron los ascendentes del chino, así que uno comprobaba que era gato con ascendente cabra, y como los chinos también dividen sus signos por elementos (que son metal, tierra agua y fuego) podrías ser un gato de tierra ascendente cabra combinado con Libra con ascendente Acuario de aire, y los signos occidentales modificaban y complementaban los del chino.

Así que cuando a Virgo le iba a ir bien, te cagaba Acuario que no estaba en su mejor aspectación astral, pero te ayudaba ser del segundo decanato, sin olvidar que por ser gato, estabas pasando una racha fabulosa, enturbiada por la odiosa cabra que, de todas maneras, al ser de tierra por el chino y de aire por el occidental, equilibraba la cosa.

¡Benditos sean los horóscopos, verdaderos o truchos, científicos o no!

Hacen que, por un rato al menos, uno crea que alguien nos está guiando desde la misteriosa zona de la magia.

Y aunque fuera por un rato, eso no está nada mal.

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