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PLAN ANDINIA

 

Tratado minero Chileno-Argentino:La metida de pata del siglo

 

A mediados de 2000 ambos países aprobaron en sus respectivos congresos el «Tratado Minero Chileno-Argentino», para explotación de yacimientos minerales de la cordillera y las zonas limítrofes. La demanda de metales es cada vez más baja y peor pagada, la onza de cobre a penas supera los 80 centavos de dólar, y ambas naciones crean dentro de sus propias fronteras una escandalosa situación de autonomía administrativa y geopolítica, inventando no sólo un tercer competidor económico de la nada, sino que un verdadero "país virtual" desde el desierto hasta el extremo Sur.

 

¿Estamos acaso frente a uno de los pasos más importantes y definitivos del Plan Andinia? Conozca los detalles de este increíble error político.

En mayo del año 2000 comenzó a circular por todo Chile un informativo remitido por el Movimiento Radomiro Tomic, de corte sindicalista y más bien de izquierda, que decía lo siguiente:

«Amparados por una desaprensiva dirigencia política y la pasividad de los  pueblos argentino y chileno, grupos trasnacionales pretenden crear un país virtual en la cordillera de Los Andes, desde la II Región hasta Campos de Hielo, para extraer las riquezas mineras propiedad de ambos pueblos.

«Es el llamado Tratado Minero Chileno-Argentino, al cual se le ha otorgado prioridad legislativa, bajo el pretexto de atraer inversiones extranjeras y estimular la integración.

«Dicho Tratado atenta contra la soberanía de los pueblos, únicos propietarios de las riquezas del subsue-lo, y compromete definitivamente los recursos no renovables incluyendo las fuentes hídricas, sin aportar rentas a ambos Estados, sin un desarrollo sustentable, sin la creación de nuevas fuentes de trabajo, sin la elaboración -en el territorio chileno o argentino- de subpro-ductos con mayor valor agregado.

«La dirigencia de Renovación Nacional ha hecho público su deseo de que este Tratado sea aprobado sin mayor discusión. En este caso, el tan desdeñado argumento de rechazo a la extraterritorialidad aducido en el caso Pinochet, hoy le resulta válido cuando estimula la creación, de hecho y de derecho, de un nuevo país con su propia juridicidad y autoridades que sólo responderán a los futuros patrones y donde los poderes Ejecutivos de ambas naciones pierden la potestad de los bienes pertenecientes a las generaciones -presentes y futuras- de chilenos y argentinos.

«La llamada ‘globaliza-ción’, apoyada en la libre circulación de mercaderías y capitales, hoy llega a su máxima expresión con la pretendida aprobación de este Tratado. Sin embargo, a la "globalización’ se le contrapone la ‘mundialización’, la cual obliga moralmente a los ciudadanos de todos los pueblos a asumir como suyas la defensa de los recursos naturales, la equilibrada explotación de los mismos, la rentabilidad que ellos deben dejar a sus respectivos Estados y la creación de nuevas fuentes de trabajo».

 

Movimiento Radomiro Tomic

 

El desesperado llamado del Movimiento Radomiro Tomic fue sólo uno de los tantos gritos que se oyeron intentando frenar este nefasto tratado, como el de Senadores chilenos de tendencias tan distintas como Larraín, Lavanderos, Hor-vath y Adolfo Zaldívar.

Incluso hubo rechazo de parte del Partido Comunista. Sin embargo, en tiempo récord el Tratado fue aprobado y se pasó la aplanadora por todos sus opositores. ¿A qué era que le temían tanto?.

El Tratado crea un "país virtual" dentro de los límites de Chile y Argentina. La zona cordillerana de Pata-gonia la toma casi por completo y otorga una serie de libertades y autonomías inaceptables a las transna-cionales que operen en las labores extractivas e industriales de la minería en la zona.

Si usted piensa que es exagerado o forzado, tenga abien leer con detención el siguiente artículo del Tratado Minero.

"Artículo 23°: Podrá re-visarse el Tratado luego de 30 años con respecto de las inversiones efectuadas con anterioridad a la fecha en que se hiciere efectivo el aviso de terminación de este Tratado, sus disposiciones permanecerán en vigor hasta el cese del negocio minero objeto de la inversión."

Este Tratado es emitido precisamente en momentos en que Chile y Argentina resuelven un litigio limítrofe en Campo de Hielo Patagónico Sur (Hielos Continentales, en Argentina), que son reconocidos como "las mayores reservas de agua dulce del mundo" y el origen fluvial de todo el sistema hídrico de esta Santa Cruz, precisamente en la zona más "caliente" del territorio sobre el que proyecta la fundación de Andinia.

Aunque la zona no está definida en el proyecto, por estar actualmente en litigio, su condición de zona fronteriza la harán parte del territorio del "país virtual" una vez que la traza esté clara.

Quien llegue a apropiarse de estos recursos, se apoderará tal vez de la mayor riqueza que posee la Patagonia en este momento, ya que se trata de agua para abastecer por siglos a una población humana in-medible.

El lector recordará que los recursos hídricos y derivados, como termas, afluentes y hielos, están regidos por las mismas normativas de explotación y uso mineros, de modo que las disposiciones del Tratado Minero serán aplicables a la zona de los hielos, una vez que la frontera definitiva sea ingenuamente definida por los peritos de Chile y Argentina, que hoy trabajan en absoluto silencio.

El «Tratado Minero» no sólo plantea las legítimas dudas expuestas sobre materias de índole geopolítica, sino que permite que trans-nacionales de monstruosos capitales (está demás decir la primacía de los capitales judíos en estas cooperativas) puedan apropiarse de la totalidad d de las riquezas de ambos países, eligiendo incluso un "Presidente" del País Virtual, operando con tal grado de independencia que ni siquiera podría ser removido por los mandatarios de ambas naciones.

Razones reales de Chile y Argentina para la aprobación de este tratado, no existen.

La prueba está en que el "argumento" más usado fue el gastado discurso de la integración y la hermandad de países, pero no de efectos y perspectivas prácticas.

En menos de dos años la libra de cobre y la onza de oro habían bajado a menos de la mitad, poniendo el sector minero en crisis y a pérdida.

Las exportaciones han bajado en casi un 20%, de modo que incrementar la producción de algo que no se vende sólo beneficiaría a cooperativas y consorcios millonarios, al permitirle comprar nuestra riqueza a precios tan baratos que serán la ruina de nuestras economías.

En Argentina, explotando la desesperación generada por la grave crisis de finan-ciamiento y cesantía, los demagogos promovieron el Tratado Minero como una alternativa de mejoramiento de las condiciones económicas del país y la adquisición gratuita de conocimientos mineros aportados por Chile, ya que los argentinos carecen de una tradición en este rubro.

Sin embargo, llamamos a nuestros vecinos a abrir los ojos y advertir el gravísimo error que se está cometiendo al seguir este canto de sirenas.

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