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15 AGOSTO DE 1972

 

Masacre de Trelew

 

En la masacre fueron ametrallados 19 militantes de las organizaciones guerrilleras: Fuerzas Armadas Revolucionarias, Ejército Revolucionario del Pueblo y Montoneros. Tres de ellos sobrevivieron y denunciaron el crimen político.

 

Fue un ensayo de terrorismo de Estado. Esta represión salvaje continuó dos años después con las bandas fascistas de la Triple A, protegidas por parte del aparato estatal, y se profundiza luego con el genocidio de la última dictadura militar que exacerba sin límites ese terrorismo de Estado.

Durante décadas los asesinos y los responsables políticos e intelectuales vivieron impunes. La reapertura de la causa por los familiares de las víctimas, la declaración de varios ex conscriptos y del médico que extendió el certificado de defunción de los militantes, fueron determinantes para este triunfo democrático.

El penal de Rawson alojaba unos 200 presos políticos. Aunque la mayoría eran de organizaciones político militares populares, también estaban dirigentes como Agustín Tosco, dirigente de Luz y Fuerza cordobés.

El 15 de agosto de 1972, los grupos armados de FAR, ERP y Montoneros tomaron el penal e iniciaron la fuga. Confusiones y desencuentros hicieron creer a los grupos de apoyo que la operación finalmente no se haría. Sin embargo, la cárcel fue tomada. La unidad 6 del penal de Rawson y dos grupos se dirigieron al aeropuerto de Trelew.

El primero, donde estaban los dirigentes guerrilleros, llegó a tiempo. Allí los esperaba un avión de Austral, copado por otro comando. El otro grupo se retrasó. Finalmente, Mario Santucho, Domingo Mena y Enrique Gorriarán Merlo del ERP; Roberto Quieto y Marcos Osatinsky de las FAR y Fernando Vaca Narvaja de Montoneros huyeron rumbo a Chile, gobernado por el presidente socialista Salvador Allende, y luego continuaron hacia Cuba.

Al rato llegó el segundo grupo que tomó el aeropuerto de Trelew intentando fugar en un avión que estaba por aterrizar, pero que alertado no lo hizo. Fueron rodeados por fuerzas de seguridad.

Los guerrilleros realizaron entonces una conferencia de prensa. Hablaron Rubén Bonet, del ERP, y Mario Pujadas, de Montoneros, exigiendo garantías por su seguridad para deponer sus armas y rendirse.

El juez Luis Godoy y el capitán de la marina Luis Emilio Sosa, con el coronel retirado del ejército Luis Perlinger como testigo, aseguraron que sería respetada la integridad física del grupo, que serían llevados al penal de Rawson y no a la base naval.

En efecto, por orden del presidente Lanusse los detenidos fueron conducidos a la base Almirante Zar y no al penal de Rawson, como se había acordado.

A poco de llegar a la base los detenidos fueron sometidos a torturas físicas y psicológicas.

A las 3.30 de la madrugada del 22, según relatos de los sobrevivientes María Antonia Berger, Alberto Camps y René Haidar, desaparecidos después con la última dictadura, Sosa y otros integrantes de la armada ordenaron a los presos pararse frente a sus celdas y comenzó el ametrallamiento.

La respuesta oficial que dio el gobierno de Lanusse fue que esta matanza se realizó después de un intento de fuga. Es la misma versión que hoy da el detenido Capitán Sosa, que asegura que él no tuvo nada que ver.

Las víctimas del ametrallamiento fueron Carlos Astudillo, Alfredo  Ko-hon y María A.Sabelli, de las FAR; Rubén Bonet, Eduardo Capello, Mario  Delfino, Alberto del Rey, Clarisa Lea Place, José  Mena, Miguel Polti, Ana  Villarreal de Santucho, Humberto Suarez, Humberto Toschi y Jorge  Ulla, del ERP; y Susana  Lesgart de Yofre y Mario Pujadas, de Montoneros.

Sobrevivieron a la masacre, Alberto Camps, María Berger y Ricardo  Haidar, desaparecidos años después en pleno Proceso de Reorganización Nacional.

Estos crímenes no hubiesen sido posibles sin el consentimiento político expreso del general Lanusse y su gobierno.

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