Las noticias
Ella nunca se fue, apenas tomó distancia Por Adriana Alicia García Petruschcka
La noticia de la muerte de la Jefa Espiritual de la Nación sumió a Buenos Aires en el silencio. Dos millones de personas, de todos los puntos del país, confluyeron en la Capital para asistir al velatorio que duró quince días.
Llora el pueblo su más grande dolor. "Evita, mártir del trabajo, ha entrado en la inmortalidad", tituló Democracia. Los diarios que relataban sus últimos días de vida se agotaron rápidamente. La prensa internacional también le dedicó sus grandes titulares. Un grupo de mujeres llora con desconsuelo la muerte de Eva Perón, junto al padre Hernán Benítez, su confesor y amigo. El gobierno decretó de inmediato el duelo nacional, pero la reacción pública superó todos los cálculos posibles. La muerte ponía al descubierto la dimensión afectiva que había generado la figura de Evita. Interminables filas se extendieron en un radio de treinta cuadras a la redonda del Ministerio de Trabajo, donde se instaló la capilla ardiente. Sólo se oía el rumor monótono de los pasos y los sollozos. Improvisados jardines invadieron las calles de Buenos Aires en pleno invierno, debido a la cantidad de flores que llegaban de todas partes del país y exterior, particulares, gobiernos e instituciones. Todos querían decir presente, hasta en los ranchos más humildes del interior del país no faltaron los pequeños altares con una imagen de Evita rodeada de velas y flores. Desmayos, llantos descontrolados, mujeres arrodilladas rezando y una lluvia de flores arrojadas desde los edificios fue el paisaje de aquel 26 de julio de 1952. Hoy, 58 años después, podemos decir que Evita, la «abanderada de los humildes», está más viva que nunca en el corazón y el coraje de todos los argentinos que queremos de nuestro país una tierra poblada de iguales. Hoy, que su ejemplo está muy lejos de la dirigencia pero cada vez más cerca del corazón del pueblo, debemos levantar su figura como estandarte en defensa de los desposeídos, de los que pierden la dignidad día tras día por un sistema perverso que nos condena a la individualidad y al sálvese quien pueda. Hoy tenemos la obligación de reivindicar su bandera, que es la bandera de los humildes. Evita será por siempre el espejo en el que no se quieren mirar las nuevas oligarquías, y también es una obligación para las generaciones que comprendimos su mensaje que la vida es lucha permanente. |
Imágenes Regional Te: (155)729-0263 / (156)985-9397 / (156)985-9401 Todos los derechos reservados. |

LA NACION DE