Las noticias
Los consejos de Patronio Por Arturo Pérez Blanes
«El conde Lucanor», es el título del libro en cuestión, pero en el castellano antiguo original, ese título es más largo: «Enxiemplos del Conde Lucanor et de Patronio» (Libro de los ejemplos del conde Lucanor y de Patronio). Y bien vale la cita porque se trata de un libro de ejemplos o cuentos moralizantes, escrito entre 1330 y 1335 por el infante Don Juan Manuel.
Digo que bien vale la cita porque coloca en escena a Patronio, el consejero a quien el noble siempre acude cuando tiene alguna duda sobre cuál debiera ser su proceder. No está mal tener dudas, aunque se ostente un título nobiliario, la cuestión en todo caso es contar con un fiel consejero. En el cuento XXIII del libro, Lucanor consulta a Patronio porque una persona le hace una propuesta muy importante, muy provechosa, con la advertencia que no debe contar nada a nadie. Patronio revela gran humildad, satisfecho por ser considerado, pero tratando de que su respuesta no sea tomada como un consejo a una persona tan ilustre como el conde. Y le dice: «Señor Conde Lucanor, para que sepáis lo que más os conviene hacer en este negocio, me gustaría contaros lo que sucedió a un rey moro con tres pícaros granujas que llegaron a palacio». A continuación le narra la historia de cómo esos delincuentes se encerraron en una habitación del palacio, a diseñar una tela con la cual vestirían al monarca. Por medio de secuenciados artilugios, los bandidos convencen al rey, a su séquito, criados y hasta al gobernador de que la tela existía. Llegadas las Fiestas Mayores, el Soberano decide vestirse para desfilar ante el pueblo. «Los tejedores le trajeron al rey la tela cortada y cosida, haciéndole creer que lo vestían y le alisaban los pliegues. Al terminar, el rey pensó que ya estaba vestido, sin atreverse a decir que él no veía la tela». A poco de cabalgar entre su corte y sus súbditos, nadie se animó a decirle nada, hasta que el palafrenero le apuntó «o yo soy ciego, o vais desnudo», y lo mismo dijo un negro y luego otros. Entonces el rey cayó en la cuenta de que le decían la verdad, pero en el palacio los granujas ya no estaban. Se habían ido con el botín producto de su estafa, mancillando la honra y el honor de su Señor. Si nos mudamos de la ficción literaria a la realidad, si cambiamos al rey moro por el intendente, a la corte adulona por el gabinete, y a los granujas del cuento por los atorrantes que merodean el segundo piso del palacio municipal con negocios «muy provechosos», es muy verosímil que estemos de lleno en Lomas de Zamora 2010. Cuando los negocios estén terminados, nadie de su entorno le dirá al jefe comunal que está en pelotas marchando marcial por las calles, porque en los gabinetes, al igual que en las cortes, nadie dice la verdad. Será en la calle donde el pueblo («un negro y un palafrenero» en el cuento, hoy un obrero o un chofer), le referirá la desnudez, el ridículo y la deshonra en que ha caído. Será tarde para volver al palacio a buscar a los granujas, será definitivamente tarde, además, porque no se puede gobernar desde el grotesco, la caricatura y la tosquedad. Estos son los consejos de Patronio, vigentes desde el siglo XIV y aplicables aún hoy, tanto a reyes como a políticos, tanto a veteranos como a jóvenes. «Quien quiere oír que oiga», nos ha sido dicho una vez. Y quien sabe leer que entienda, agrego yo, con toda mi esperanza de vecino lomense. |
Imágenes Regional Te: (155)729-0263 / (156)985-9397 / (156)985-9401 Todos los derechos reservados. |

EL CONDE LUCANOR