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NOTA DEL DIRECTOR

 

Los asesores de imagen

Por Rubén Enriquez

 

Recién descendido del avión de Aerolíneas Argentinas que lo trajo desde San Pablo, Brasil, con cinco horas de demora, el asesor de imagen de Mauricio Macri, el ecuatoriano Jaime Durán Barba, hizo declaraciones que no tienen desperdicio.

 

Consultado acerca de qué tipo de actitud debería asumir el Jefe de Gobierno porteño respecto de su procesamiento en la causa de las escuchas ilegales, el asesor estrella manifestó: «Buenos Aires me encanta», como para justificar la factura a su empleador, y después soltó el misil que ganó centimetraje en los medios: «A la gente no le interesa el tema, las escuchas no le importan un carajo. Aunque fuese cierto, no le importa. A la gente le importan los baches o que se caigan las ramas de los árboles, las cosas concretas que afectan sus vidas».

Dio toda una definición de su trabajo, aunque con mucha pelusa en los labios. Vaya pretensión la de este gurú, de conocer lo que a la gente le importa, aún si fuese cierta la comisión de un delito por parte de su asesorado.

Dice el ecuatoriano respecto de la causa: «Todo esto es demasiado bobo como para que a la gente le interese. (...) A la gente le importan las cosas concretas: los baches o que se caigan las ramas de los árboles».

Tal vez este hombre no sepa que en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, son precisamente los árboles los que se caen primero que las ramas, quizás ignore que las escuelas públicas carecen de calefacción y pintura, mientras le sobran humedad y rajaduras, o que cuando llueve y la Capital se inunda, los vecinos cruzan las avenidas en gomones de la prefectura naval.

Si pudieran, los integrantes del gabinete de Macri meterían a Durán Barba dentro de un tupperware, pero se trata de otro capricho del ingeniero, como lo fue el «Fino» Palacios.

La labor de un asesor de imagen es formatear al dirigente en su lucimiento, formación, expresión, modo de  mirar las cámaras de televisión, etc.; es decir, convertirlo en presentable para el gran público, en un sapo digerible que una vez tragado no destroce las entrañas de la sociedad.

Su arte es disimular la rispidez de carácter, las más notorias brutalidades, las mezquindades y defectos del cliente. Es un oficio un tanto vil, respecto del cual conocimos los frutos tras la conversión de Menem en un señorito de Barrio Norte, y que durante varios años recibiera el premio al jefe de Estado mejor vestido del mundo. Que así nos costó.

Hay que tener presente que cuando un político contrata a un asesor de imagen, está reconociendo que es incapaz de mostrarse tal cual es, y que en algún momento -más temprano que tarde- se le correrá el maquillaje.

Y si ese asesor tiene el estilo de Durán Barba, es casi seguro que el camouflage disimulará fenómenos de enorme gravedad, que pueden comenzar por la ineptitud total para gobernar -por sí mismo o formando equipos-, y seguir por la posible aptitud para la comisión de ilícitos.

Dice el dicho popular: «Dime con quién andas y te diré quién eres». A lo que se puede agregar este otro: «Dime quién te asesora, y te diré qué escondes».

 

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