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El hombre que está solo y espera

Por Arturo Pérez Blanes

 

Debo aclarar que no me referiré al magistral ensayo que publicara con idéntico título Raúl Scalabrini Ortíz en 1931, en el que ahondara sobre las virtudes y defectos del "ser nacional".

 

Lo mío es más humilde. El objeto de estas líneas es analizar un fenómeno singular, centrado en una persona también singular, corriente, que por casualidad o coincidencia, ocupa un lugar destacado en la política local.

Me referiré al intendente lomense, y a algunas particularidades de su accionar político que me llaman la atención.

Por empezar no tiene agrupación política propia, ni participa de ninguna prestada; es más, no se le conocen antecedentes de militancia partidaria alguna.

Integró en 2007, apadrinado por un familiar, una lista del PJ como candidato a primer concejal, que llevaba como Intendente a Jorge Rossi. Lista que se impuso por es-casísimo margen, instituyéndolo como representante en el Concejo Deliberante.

Casi no ejerció dicha función, porque obtuvo de sus pares una licencia para asumir el cargo de Secretario de Gobierno. No presentó un solo proyecto de Ordenanza, los vecinos no conocen su pensamiento ni su verba, pues no participó en ningún debate.

Volvió a ocupar su banca el año pasado, por unos minutos, en la sesión en que se aceptó la renuncia de Jorge Rossi a la intendencia, a la que dio su voto afirmativo, y luego asumió la función de jefe comunal.

Así tenemos que se convirtió en intendente, aunque nadie lo votara en tal sentido, lo cual no le quita legalidad a su ejercicio actual, si bien condiciona en algo su legitimidad.

Hay una minoría del padrón electoral para la cual es una muy buena señal que un político no tenga un pasado militante -Macri en Capital explota ese perfil-, porque está harta de los currículum negativos, de dudosa honestidad, de muchos políticos que en cada cargo ratifican su condición de malas personas. Lo que esa minoría objeta en realidad es la inmoralidad o corrupción en el ejercicio del poder, hecho no relacionado con la poca o mucha militancia política, sino, en todo caso, con la carencia de ética e idoneidad.

No obstante, el intendente esgrime el discurso de ser nuevo y como virtud no haber formado parte de los grandes y ya clásicos escándalos de Lomas de Zamora en la década del ‘80. Es cierto. Por aquellos años él estaba todavía en la escuela. Pero eso no lo exime de cometer errores en el presente, o de haberlos cometido durante los años en que fue el principal funcionario de la administración municipal, aunque con bajísimo nivel de exposición mediática.

Tan baja fue su exposición que casi nadie lo conoce, razón por la cual hoy insiste en aparecer en carteles, afiches, cartas a los vecinos y en las repetidas tapas del costoso (para los contribuyentes) diario oficial.

 A un hombre político no se lo conoce por la foto -como piensa también Francisco De Narváez- sino por su desempeño en la función para la que la ciudadanía lo distinguió con el voto.

Las encuestas y trabajos de campo en las ciencias sociales, indican  que para la mayoría de los votantes el hecho de militar en una causa política, dar a conocer un pensamiento y defenderlo en distintos foros y circunstancias, es una condición que un político debe exhibir, pues es necesario e inherente a la responsabilidad de ejercer cargos públicos, como administrar una municipalidad.

Por lo que no es aceptable la pretensión de bajar de un plato volador y asumir el máximo cargo Ejecutivo de un municipio poblado por más 800 mil personas, como Lomas de Zamora.

Hay que tener ideología, juicio, crítica, ponderación individual, hay que conocer los diferentes barrios, tocar mucho timbre, hablar con los vecinos, conocer sus problemas, intentar resolverlos. En síntesis, hay que embarrarse los zapatos de cuero de lagarto, porque no todo Lomas está as-faltada, y no se trata sólo de transitar «Las Lomitas».

De manera que si el jefe comunal continúa con su pretendido discurso de ser nuevo y no tener vinculación con el pasado, podrá caerle el pe-so de los errores cometidos en su etapa como secretario de Gobierno.

O fue un inepto total y las cosas malas sucedieron delante de su nariz, o las conocía y no intervino para impedirlas y corregirlas como debía. En ambos casos, ¿cual sería el crédito para su autoproclamada virginidad política?

Nadie se olvida de la cámara oculta por el intento de soborno para la habilitación de los supermercados chinos, protagonizada por una de sus principales operadoras políticas, y en su nombre; o la actual crisis por los 7 mil kilos de medicamentos vencidos y arrojados al Cinturón Ecológico.

Son apenas dos muestras (por citar las más conocidas, no las únicas) de un pasado comprometedor. Habría, respecto de su comportamiento, tres alternativas: a) estaba en otro planeta y bajó nomás de un plato volador; b) tendría deterioro cognitivo, síntoma incipiente de alzheimer o; 3) tiene acabado conocimiento de los temas y trata de eludir la responsabilidad.

Los dirigentes de peso político de Lomas lo miran, saben que lo van a abandonar cuando les llegue la orden. Ninguno es un niño de convento, pero tampoco nadie pone la cabeza en una guillotina que no lleva su nombre.

Es cierto que esos dirigentes, con los cuales dividió el manejo del municipio en una evidente muestra de debilidad, le hicieron creer que lo respetan, lo valoran y que lo respaldarán en 2011 en su candidatura a intendente.

Sin embargo, en su interioridad él se sabe un hombre «que está solo y espera».

Sabe que ascendió apadrinado y rápidamente, y que ahora está solo y se quedó sin padrino.

No es el único joven  que llegó a los primeros planos arrancando bien de abajo, siendo chofer. Sin ir muy lejos tenemos el caso de Rudy Ulloa Igor. Claro que el chaval chileno comenzó unos escalones más arriba, porque fue chofer del entonces intendente de Río Gallegos, Néstor Kirchner.

En tanto que el intendente de Lomas de Zamora fue apenas un chofer más del Cosepu, donde cobraba un contrato hasta fines de 2003, en patacones y lecop.

No está mal comenzar bien de abajo en ningún orden de la vida, pero cuando las carreras son tan cortas se puede uno privar de entender que la sabiduría sólo se obtiene en el trayecto.

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