Las noticias

EDITORIAL

 

Conductas sexuales

Por Rubén Enriquez

 

La cuestión del denominado “matrimonio gay”, o el derecho contrayente a personas del mismo sexo, está en pleno tratamiento legislativo, en tanto hay un sector que lidera la oposición a dicha iniciativa: el clero católico.

Prefiero usar esa denominación a escribir “Iglesia”, pues este vocablo es de una definición espiritual y semántica riquísima, que excede la posición circunstancial de las jerarquías.

 

Aclarado el punto y dejando a la Iglesia en los términos en los que Jesús la fundó, vamos a entrar en materia.

Como dije, es la Jerarquía católica argentina la que con mayor énfasis  pretende dirigir la oposición social a este tipo de matrimonio o unión civil.

No incurriré en citas bíblicas, ni menos en alegaciones al Derecho Canónico. Sí tomaré las conductas sexuales humanas, dando debida ponderación a lo que con ellas se da probanza en los casos de pedofilia y pederastía.

La homosexualidad es tan antigua que ya encontramos una prohibición en el Libro de Levítico, relativa a los actos de esas características entre varones. Y de su estado moderno, contemporáneo y posmoderno dio una extensa descripción Pepito Cibrián en el Senado nacional, pieza oratoria que me exime de comentarios y pormenores.

Quiero referirme a un tema que es de vital importancia a este respecto, y que hizo público nada menos que Joseph Alois Ratzinger, coronado Papa con el nombre de Benedicto XVI.

El 12 de este mes, al clausurar en la Plaza San Pedro el año sacerdotal, el Sumo Pontífice pidió "perdón" por los abusos cometidos por curas católicos contra niños y adolescentes, en escandalosos actos de pedofilia.

"Imploramos insistentemente perdón a Dios y a todas las personas afectadas, y prometemos hacer todo lo posible para asegurar que ese tipo de abusos nunca más vuelvan a ocurrir", declamó el Papa ante unos 15.000 sacerdotes, monjas y religiosos provenientes de todos los continentes.

Entonces me pregunto: ¿Qué autoridad ética, espiritual y religiosa tiene el clero para oponerse al matrimonio gay,  calificando la homosexualidad como una desviación de la naturaleza humana, si miles de sus sacerdotes, desde esa misma condición sexual cometen por doquier actos de pederastía?

A menos que se consienta como atenuante que, luego de esos actos deplorables, esos curas por lo menos no solicitaron una dispensa Papal para contraer enlace con los menores violados.

Se podrá replicar que la actitud de esos delicuentes ataviados de monjes no define a toda la curia, y es verdad; pero también lo es que si el Papa pidió perdón es porque conocía lo que estaba pasando, y si se comprometió a hacer «todo lo posible» para cambiarlo es porque sigue pasando.

En el mejor de los casos, que los homosexuales se quieran casar por cuestiones de orden civil, afectivo o testimonial, es preferible a que haya sacerdotes que violen niños o se hagan «servir» por adolescentes indefensos, tal vez sin siquiera quitarse la sotana.

Se puede argüir que una cosa nada tiene que ver con la otra, como también se puede objetar que si los principales antagonistas a una petición legal no son capaces de resolver estas explícitas parafilias en su seno, pierden todo ascendiente y virtud fre-nte a la sociedad.

Si algún ferviente clerical se enoja por mis palabras, le aconsejo leer los informes que los distintos episcopados de Europa y Latinoamérica elevaron a este respecto al mismo Papa.

Cuando le expusieron a Jesús el caso de la prostituta que estaba a punto de ser apedreada, el Maestro respondió con justa y proverbial sabiduría que aquel que estuviese sin pecado arrojase la primera piedra. Entonces los «puros» soltaron las piedras, y se fueron silbando bajito.

No propongo la aprobación por ley del «matrimonio gay». El tema hay que debatirlo en el Parlamento, en las calles, en los Medios, en el seno de cada familia si se desea, pero con amplitud de criterio.

Mi mujer está divorciada de su primer matrimonio, por lo que fue excomulgada y no puede recibir los sacramentos. A la Jerarquía no le interesa su actual condición de respetada esposa y madre, unida civilmente en segundas nupcias. Sólo cuenta que cometió el pecado de desunir lo que una religión había unido en una ceremonia litúrgica.

Más allá de eso, tenemos pruebas de que Dios nos bendice todos los días, a nuestros hijos y a nuestro hogar. Con esto quiero decir que el matrimonio puede fallar, señores jerarcas, más allá o más acá de la sexualidad de los contrayentes, y que cuando eso sucede seguimos siendo Hijos del Altísimo.

Ya dejaron de dar misa en latín y de cobrar hasta las confesiones, limpien ahora los templos y los seminarios de violadores disfrazados de sacerdotes. Después de quitarse esa viga en el ojo propio vengan por nuestras astillas, que los escucharemos y les concederemos nuevamente autoridad moral, como cuando dejaron atrás a Monseñor Plaza y a Christian von Wernich.

No se trata de que la vida sea fácil para nadie, pero comprendan que para erigirse en guardianes de las conductas ajenas, ya tenemos bastante con los insoportables políticos.

 

PD: Hacía rato que quería escribir sobre este tema. Pido disculpas si alguien se siente ofendido.

Imágenes Regional

Te: (155)729-0263 / (156)985-9397 / (156)985-9401

Todos los derechos reservados.

 

 

 

 

 Noticias a todo momento

 


Tu eres el visitante número
Tu eres el visitante número