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El Mundial no alcanza Por Aníbal “Maradona” Kesselman
Creo que es tiempo de dar vuelta la tortilla. Y no me refiero a esa canción que dice: "...que la tortilla se vuelva que los pobres coman pan y los ricos m...... m.....". Para nada me refiero a eso, de lo que quiero dar otra cara, es de mis comentarios. Desde que me dediqué a analizar la realidad política, económica y social, como centro de mi profesión periodística, en muchos de mis comentarios aparece una imagen crítica, un intento de sacar a la luz actos oscuros, verdades mentirosas y mentiras verdaderas.
Debo confesar que salpicar de optimismo una crónica referida a la realidad actual, en este mundo globalizado, es una tarea ardua. Pero que se puede se puede. Alguien me decía hace bastante tiempo, que todo era color de rosa, que "todos los días nacen niños, y todos los días sale el sol". Ni tanto ni tan poco. La realidad es como es, y en muchas situaciones, depende todo del lugar donde estás parado. Te doy un ejemplo: Tema La Esclavitud. Hay por lo menos tres formas de verla. -La visión del esclavista es que no tiene nada de malo, que cuida a sus esclavos más que a su coche, y que la economía crece gracias al sistema. -La visión del demócrata liberador que busca abolir la esclavitud y lo tiene en su programa electoral. -La visión del esclavo, que quiere ya la libertad. Todo este preámbulo calma mis tendencias críticas, y me abre el camino para el comentario de hoy. Porque hoy soy Maradona. Aunque no lo puedan creer, es cierto, hoy soy Maradona. No me importa saber íntimamente que soy un tronco jugando al fútbol. Hoy soy Maradona. Tengo mis ideas sobre el resultado de "nuestro" primer partido en el mundial de Sudáfrica. La formación, la motivación, el estado físico, los nervios, el peso de la camiseta, mi primer mundial dirigiendo. Hasta lo de ir a la cancha y estar al borde del campo de juego vestido con traje. Hoy soy Maradona. Como casi todos los argentinos, en cualquier lugar del planeta, sufrí y me volví loco con cada jugada, con cada tiro al arco que casi casi. Y con el gol... con el gol me sentí como Maradona. Este es mi equipo. En el piso de abajo del edificio donde vivo, en el centro del pueblo y frente al ayuntamiento, vive otro argentino. Un poco por los horarios, otro poco porque yo utilizo el ascensor y él sube de dos en dos los escalones porque está en el primero, y porque tiene menos años, la cuestión es que apenas nos saludamos, y por ahí alguna vez comentamos el clima y punto. Ahora, en pleno Mundial, no sé si es porque se dio cuenta que soy Maradona, o porque cree que Maradona es él, ya no nos cruzamos simplemente, ahora nos ponemos a teorizar sobre el partido pasado, los que vienen, los posibles rivales de "nuestra" selección en una final, y bla, bla, bla. El fenómeno no es sólo de los argentinos que vivimos aquí, en los bares con televisión, donde se puede ver los partidos, se arman verdaderas tribunas, todos los mundialistas están ahí, todos hablan, gritan, y se quedan calladitos si las cosas les van mal a sus equipos. Pero el Mundial no alcanza. Por más que lo intenten, jamás van a poder ser como nosotros. El Mundial no alcanza para que tengan un Maradona. No van a poder nunca sentir que son Maradona. Porque Maradona es nuestro, como el dulce de leche, las empanadas de la vieja, el choripan y la 9 de Julio. El Mundial no alcanza para llegar a fin de mes. El Mundial no mejora la maldita globalización. El Mundial no desenmascara a los traidores, ni mete presos a los corruptos ni a los genocidas. Pero el Mundial nos deja ser Maradona por un rato, vivir alegres los partidos y querer por un tiempito la misma camiseta. |
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